martes, 15 de julio de 2014

¿Quieres dejar de discutir?



No puedo decir que no tenga ningún conflicto en mi vida,  pero si,  que no “peleo” ni de lejos lo de antaño.  A penas discuto con las personas por dos aspectos muy importantes que me hicieron cambiar por completo mi enfoque. 
El relatar con mis propias palabras este hecho,  refuerza la nueva manera de pensar que hoy día es ya bastante automática,  a la par que puede beneficiar a quien lo lee.  Ese es mi mayor deseo. 

Antes he mencionado que dos aspectos fueron cruciales en mi cambio de visión:

1.-  Cuando yo veo a una persona,  no la veo a ella,  sino a mi misma.  Sé que esto puede resultar un poco complicado de entender y me consta que muchos dicen que es una tontería.  Pero bueno,  la teoría del espejo está cada día mas presente y es cuestión de tiempo que nos vayamos familiarizando con este concepto. 
Si me enfado con algo que piensa, dice o hace una persona,  en realidad con quien me estoy enfadando es conmigo misma. Esa persona me muestra algo que es mío y está en mi proyectándose hacia fuera y reflejado en ella.  
 Entrar en discusión como solemos hacer  es discutir conmigo misma a través de alguien.    Pues sólo es un espejo en el que yo puedo contemplar lo que estoy pensando de mí.
Cuando me di cuenta plenamente de este hecho,  discutir ya no tenía ningún sentido pues asumía que yo no veía a esa persona realmente,  sino a mí.
La mejor opción para no lastimar ni provocar daños mayores,  es retirarme y mirar eso que es mío y tanto me molesta en el otro.  La relación pues no se estropea y puede continuar con naturalidad.

2.-  Cuando una persona me ve a mi y me juzga ya sea positiva o negativamente,  no me está juzgando a mi,  sino a ella a través de mi.  De hecho,  aunque crea que sí,  no me ve realmente.   Esto puede parecer caótico  pero si imaginas que en lugar de la persona a la que miras ves un espejo puede ser más fácil entenderlo.
Entonces entendí que “no ofende el que quiere, si no el que puede,  y el poder se lo otorgo yo”  y tanto que si!!   Si elijo creer que es verdad lo que escucho,  ya sea favorable o desfavorable para mis oídos,  entonces le he otorgado el poder a la otra persona.  Sin embargo,  yo tengo siempre presente,  tanto si ven cosas lindas como cosas feas en mi,  que nunca me están viendo a mi,  si no a ellos mismos y que yo sólo les sirvo de espejo.  ¿Cómo puedo ofenderme o sentirme halagada?  De ninguna de las dos formas.   Cuando una persona me dice algo agradable,  interpreto que se ama y tiene un buen concepto de sí misma y cuando una persona me dice algo que puede resultar desagradable interpreto que no se está amando en ese momento y tiene un mal concepto de si misma,  pero ninguna de esas cosas tiene que ver conmigo,  así que,  ¿para qué voy a discutir?. Me resulta tan evidente, que no sé cómo no me he dado cuenta antes !!!. 
En este caso,  suelo decirles a las personas que repasen su discurso,  es decir,  lo que me han dicho,  y que donde pone tú, digan yo y aprovechen esa información para conocerse mejor a sí mismas, si quien claro.  Les doy las gracias por permitirme servirles de espejo y con una sonrisa me despido.
Debo añadir que solo si algo de lo que dicen resuena en mí, sobre todo,  si me molesta.  Al igual que en el anterior punto,  tomo nota de ello, les doy las gracias por la oportunidad que me brindan de mirar algo que no me gusta de mi misma,  me retiro y lo trabajo sola.  Aceptarme e integrar mis luces y mis sombras es labor mia.

Teniendo estos dos aspectos en cuenta,  quizás hayas comprendido ahora, por qué cada día yo discuto menos. 
Y recuerda,  si quieres,  tú también puedes hacerlo.



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